De la teología del poema

Gaceta Frontal

Sergio Espinosa Proa

Universidad Autónoma de Zacatecas

1.

La razón es fuerte, pero no omnipotente. «¿Y podrías convencernos”, pregunta Polemarco a Sócrates, “si no os escuchamos?»[1]. La razón consiste, antes que en el poder de asombrarse, en una cierta capacidad de escucha. Y esa capacidad o ese poder se agudiza conforme el cuerpo y sus pasiones —ese «amo loco y salvaje», al decir de Sófocles— decae. Es significativo que Platón recurra a un trágico para defender su punto: el alma no es un cuerpo sino exactamente aquello que puede sujetarlo. A las alturas de la República, la desconfianza impera en el filósofo. Y también el miedo: ante tanto infortunio, ante el inexorable triunfo de la injusticia y la descomposición social, ¿a quién acudir? ¿A la poesía —es decir, a la tradición—, a la religión? Platón se exaspera un poco. El método socrático ya le queda muy corto; aún…

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