Contra toda violencia, con todas las mujeres.

ImagenHoy es el día internacional contra la violencia de género (eufemismo usado para designar el feminicidio y el sistema de opresión y violencia contra las mujeres) y, como todos los días internacionales, pretende concienciar (desde una evidente mala conciencia como diría Nietzsche) sobre este asunto para (supuestamente) erradicarlo. El pensamiento crítico de ciertas corrientes filosóficas contemporáneas nos advierten de los mecanismos perversos e hipócritas que operan en estas campañas voluntaristas y absolutamente instrumentalizadas por los intereses dominantes. La violencia de género es altamente insidiosa, y que pasa muchas veces desapercibida por su inherente capacidad para mimetizarse con el medio social. Sobrevuela nuestras conversaciones (impregnando el lenguaje mismo), nuestras miradas, nuestros deseos, nuestras actitudes, introyectando en nuestras conciencias la “naturalidad” de la subordinación femenina, de la concepción por la cual la mujer constituye una falta, por carecer de una capacidad propia para autodeterminarse, para realizar su libertad de modo autónomo y consciente-reflexivo. Todos estos prejuicios nos disponen a concebir nuestra relación con las mujeres en el modo de la dominación, que genera todo un imaginario (que hay que desconstruir) violento y opresor el cual dictamina cómo debe presentarse socialmente la mujer (sumisión, subordinación, pasividad). La mujer como objeto, la mujer como trofeo, reducida a lo privado, a la habladuría, a la curiosidad, a lo intrascendente, a lo bonito. La ley (a pesar de ser gramaticalmente femenina) es el orden dispuesto por el padre, que promueve la patrimonialización y tutela de las mujeres, impidiendo de este modo la realización plena y diferencial de una parte constituyente de la Humanidad (tan sesgadamente interpretada hacia lo masculino incluso por un Kant). Este imaginario misógino que opera, inconscientemente, en el sustrato metapolítico es la CAUSA última de toda forma de violencia contra las mujeres, desde las más sutiles e invisibles hasta las más obscenas. El pensamiento crítico generado por las desconstrucciones del sujeto, del poder, del deseo y de la verdad nos muestran efectivamente que las denominadas “democracias avanzadas occidentales” (las que deben imitar, según la doctrina neoimperialista estadounidense, los países “canallas” y “desobedientes”) no son, en absoluto, democracias reales y efectivas, porque excluyen de la ciudadanía total (y no sólo nominal o formal) a las mujeres, a las cuales se les va concediendo una serie de derechos (restringidos), resultado de la magnanimidad masculina. Las mujeres aún ciudadanas sino que aún permanecen tuteladas, resultado de ese imaginario violento y misógino. En conclusión, la actual (que coincide con la de siempre) violencia contra las mujeres (“la mujer no existe” dice Lacan) responde y es consecuencia causal de un estado de injusticia estructural y de la existencia de una falsa democracia. Mientras haya una sola mujer sufriendo este estado nunca habrá democracia, ni realización de la libertad ni justicia, y ante ello sólo cabe la denuncia y la legítima resistencia en nombre de una democracia por venir, de un pueblo por venir por medio de un devenir-democrático.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s