¿Qué hay?

Imagen“¿Qué hay?” es la pregunta que buscamos plantear de un modo radical y originario, tomada desde sí misma, en Filosofía, pero siempre queda encubierta, dejada atrás, impensada en la propia investigación filosófica, en la búsqueda misma. Que haya “hay” es lo que impulsa a pensar, lo que constituye el presupuesto impensado del pensar mismo, que se hace cargo de sí-mismo (la re-flexión que inaugura la Modernidad con Descartes) y del mundo (la conceptualización sistemática entendida como unidad total de sentido o ciencia teorética). “¿Qué hay?” es la pregunta buscada que la propia búsqueda constantemente desplaza, situación paradójica: cuanto más es buscada, menos es encontrada, ya que no está donde se piensa y se encuentra donde no está. La pregunta “¿Qué hay?” es la pregunta por el acontecimiento y el acontecimiento como pregunta, como continuo cuestionamiento de todo presupuesto y todo prejuicio. El mundo “hay”, es un “hay” como “ahí” entendido como “localización preespacial” y como “tiempo intensivo”: se nos da mundo como “hay mundo” y se nos da el otro como un “tú”, que es un “yo” visto desde mi propio “yo” que no consiste en otra cosa que en estar en relación con ese “tú” que me hace “yo”. ¿Quién es primero, el “yo” o el “tú”? Ninguno y los dos. A la vez que es uno lo es el otro, en respectividad relacional o en una relación de respectos, como intensivamente sincronía de la acción común compartida, que siempre se da en medio del “hay”, sin inicio ni final: “hay” “mundo” como unidad constitutivamente plural y “hay” “yo” como otro (“tú) en tanto que es otro (“tú) es un “yo”. Se libera el sentido desde la condición de inteligibilidad del límite posibilitante entendido como tiempo intensivo: el “hay” que encontrar únicamente, solamente, como aquello en el que el “encontrarse” (ver Ser y Tiempo) ya acontece y precomprende el ser como aquello que no es ente y que no es presente. Siempre “frente” (“a la contra”) del mundo, “comprendiendo” en el estado de arrojado a una facticidad históricamente acontecida como finitud y pluralidad. Comprensión del ser como “hay” cuando se dice “algo hay” (entre tú y yo como, precisamente, el “entre” que nos “pone” en relación, quizás, hasta sexual), hay un “hay” del “mundo” que es aperturidad a que “algo haya” y se pueda hallar como “encontrándose” cabe(en medio de) lo ente-en-total (que no es lo mismo que el “ser”): una aperturidad y un desocultamiento que procura el “darse” (es, por tanto, el “hay”) que él mismo no se “da” como “dado” a lo presente sino que se ausencia. Es lo que “da” y no se “da” como ente ni como presente, es el “hay” de todo haber, que tienen lugar en el “encontrándose” haciendo “mundo”, bien como un siendo “ante-los-ojos” (objetos de la mirada teorizadora), o bien como un siendo “a-la-mano” (objetos de uso técnico-instrumental), o bien siendo “con” (los otros existentes humanos). El “hay” es una remisión que da-tiempo, que da-ser y que da-tiempo-y-ser: “hay” el acontecimento que es el acontecimiento del “hay” como un “se-da”, a saber, que haya “hay” que es, a la vez, co-pertenencia Y di-ferencia (ontólogica y sexual), el horizonte trascendental de la pregunta por el sentido del ser que deja de ser una tras-cendencia para ser un afuera puramente inmanente que hace posible pensar la distinción ontológica ser-entes. Es el orden del Praesenz (el juego de presencia-ausencia en el que consiste e insiste el “hay” juego del “mundo”), indisponibilidad que dispone a que haya algo así como “hay algo”, que nos dirige, siempre desplazada, a la pregunta posibilitante de todo preguntar: “¿qué hay?” . “Nada” más que el juego de remisiones infinitas y de donaciones gratuitas in calculables, como el amor. Ya no sistema lógico de la deducción sino un régimen lúdico de lo intempestivo y de lo singular plural, de lo intensivo como simultaneidad de lo desigual y como afirmación de la producción inmanente espontánea del deseo. Del orden del logos totalizador, tranquilizador y pacificador, que todo lo amansa en la síntesis última de un saber absoluto pasamos a la fuerza polémica del acontecimiento del “hay” como sintaxis diferencial de las multiplicidades entendida como el eterno retorno que distribuye nomádicamente, selectivamente, las voluntades de poder según su potencia de creación o de disminución de intensidad de la vida. El “hay” como un afuera absolutamente inmanente que ya concibió Heráclito (los contrarios se copertenecen por la diferencia por el “hay” o “logos”), Spinoza (la sustancia o el “hay” es modalmente plural) y Nietzsche (el retorno no es de lo idéntico sino de la diferencia de la repetición de lo irrepetible, de lo intempestivo o contrahistórico). “¿Qué hay?” como la primera frase para ligar…y para ligar el mundo por la diferencia. Es todo lo que hay preguntarse “¿qué hay?” .

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