Llamadme feminazi

La radio interior

femenHace ya no sé cuántos años, Henry Kissinger estuvo en Uviéu, no recuerdo con qué objeto, y unos cuantos fuimos a recibirle con la inevitable pitada de protesta. A mi lado, una chica de no más de dieciséis años se desgañitaba gritándole improperios al ex secretario de estado de los Estados Unidos; estaba fuera de sí, una verdadera ménade junto a la cual parecíamos, todos los demás, o bien sus víctimas, o bien mansos corderos estupefactos. Poco a poco se fue quedando sola, como si el resto de los manifestantes temiéramos que nos contagiara su descrédito. El ridículo es contagioso. El sentido del ridículo, no tanto.

Hay que ser justos con aquella chica, aunque sea tarde: estaba en su perfecto derecho a dar rienda suelta a su rabia, y nadie debería haber creído que su falta de decoro (si es que era eso lo que nos sonrojaba) le quitaba parte…

Ver la entrada original 569 palabras más

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s